Mis gemelos también reciclan

Tranquilas, no os voy a dar la chapa con grandes y utópicas ideas de un mundo mejor.

Por supuesto no he tirado la toalla y hay mil millones de cosas que me encantaría cambiar en el planeta tierra pero Trump y otras necedades se escapan de mi actual radio de acción, así que me centro en cosas más cercanas, más tangibles, de las que puedo hacer por mí misma.

Desde que tengo uso de razón siento una pasión infinita por reciclar. Pasé años comprando ropa de segunda mano en el más célebre mercado de mi ciudad (antes de que Inditex y su tsunami “democratizador” de la moda se llevaran el mercado de la second hand al carajo), siempre fui incapaz de deshacerme de objetos sin pensarles antes una nueva utilidad y tirar cosas simplemente me horroriza. Así que reciclar es un verbo que me encanta.

En mi afán de hacer del mundo que me rodea un mundo mejor, he encontrado pequeñas rendijas de posibilidades que practico como tesoros. Y mucho más desde que soy madre.

Este afán por reciclar y consumir de un modo sensato (lo más sensato posible anta tamaña estupidez insensata que nos rodea) se ha disparado desde que nacieron los gemelos.

Por un lado, tener de golpe a dos es un cacharrazo para cualquier economía que no nade en la abundancia. Por otro lado, no quiero enseñarles a consumir desaforada y locamente, sin ton ni son. Quiero que vean otras formas de hacer y vivir en su propia casa.

El fascinante mundo de la puericultura hace lo que puede por sugestionarnos con necesidad tras necesidad y yo me he resistido en la medida de lo posible, tratando de llevar la maternidad de un modo racional. Me enerva y histeriza en grado sumo ver cómo a mi alrededor las mamis (y los papis, como no) consumen y consumen toneladas de prescindibles y relucientes chorradas para niños. Chorradas diseñadas para los padres, como no.  Así que he seguido fiel a mis instintos y vivo lo más acorde posible con mis principios de menos es más o reciclando que es gerundio.

A mi alrededor pululan muchas otras mamás como yo, más de las que hubiera imaginado y con las que de un pequeño e irrelevante modo, creo que estamos haciendo lo que sabemos para que el mundo pueda ser un poco mejor.

Sin daros más la chapa os cuento que cosas estoy haciendo que me hacen sentir mejor:

1-Grupos de intercambio entre madres

Sí, sí, mamis organizadas de forma sencilla pero eficaz en mi barrio, delante de mis narices. La primera vez que oí hablar de ellas fue en la consulta del pediatra, donde había un papelito con información del grupo de mamis y su intercambio de ropa y sobre el cual, la enfermera, seca como un bacalao desalado, propinó “No, no, esto no es para ti, es para familias que no tienen posibilidades”. Bueno, pues se equivocaba. Afortunadamente tenemos lo que necesitamos tener pero este grupo de bienintencioanas mamás de mi barrio es gloria bendita. Organizan un par de veces por mes lo que llaman “El Armario”. ¿Qué es eso? Algo bien simple. Vas con la ropita que ya no usas de tu bebé y la cambias por otra que otras mamás han dejado porque a sus retoñitos les ha quedado pequeña ya. Así de fácil, así de simple, así de eficaz. En el espacio hay juguetes y los niños juegan mientras las mamás miramos qué les está haciendo falta a nuestros angelitos. Todo en un ambiente más que agradable de plaza del pueblo donde confraternizar es bien fácil. Y estas valientes mamás voluntariosas, no contentas con organizar esto, organizan un mercado mensual de”pulgas”, lecturas de cuentos en la biblioteca del barrio y todas las actividades infantiles que están a su alcance. Solo con su trabajo colaborativo, buena voluntad y ayuda de las entidades locales.  Una auténtica pasada. Sin recursos, solo con un poco de tiempo y el sentido común de la vecindad, ese buen sentido de compartir y departir con los que tienes cerca. Seguro que hay alguna a vuestro alrededor…Y sino, de por si la organización entre red de mamis es alucinante, si aceptas cosas usadas, es muy fácil recibir las que van dejando atrás los bebés de las demás. O animaros y cread con otras mamás una en vuestro pueblo o barrio.

Así de guapetón está siempre con ropa reciclada

2- Grupos de intercambio en la ciudad

Sí, sigo viviendo en una ciudad. No es que me fascine el tema pero por el momento aquí seguimos. Si viviera en un pueblo es probable (al menos en mi imaginación idealizadora pueblera) que hablando con la gente en la plaza del pueblo se solucionaran las mancanzas típicas nada pacotilleras de “no tendrás un X que el mío se ha roto y estoy buscando…” pero como vivo en la ciudad y la plaza del pueblo son las redes sociales, he encontrado (¡hay un montón!) un grupo de intercambio o más bien dicho, de dación o búsqueda y captura. Cada día recibimos un email en el que otros que estamos apuntados decimos qué andamos buscando o qué tenemos en casa que ya no nos hace falta y así salimos gratis y rápidamente del entuerto de andar necesitando algo.

Para mí son mano de santo porque ya os dije que no puedo desprenderme de los objetos con vida aún si no los va a seguir usando alguien. Así que me quedo mucho más tranquila compartiendo todo aquello que ya no uso en casa y encontrando by free lo que voy necesitando. Por supuesto, no es una solución mágica, no encuentras una roomba nueva ni temormixes ni otras pijadas de las que me tienen ahora mismo loca, pero sí hay bastantes cosas más normales… Seguro que también hay muchas redes como esta a vuestro alrededor..

3-Cooperativas de consumo ecológico

Siempre siempre siempre quise comprarlo todo eco. Durante años no me ha sido posible. Las tiendas con productos orgánicos que tenía al alcance de la mano eran disparatadamente caras, así que compraba todo lo posible en el mercado en las pagesas que estaban por allá.

Desde que vivo en este barrio, hará 4 años ya, la posibilidad del mercado se fue al traste así que me había quedado huérfana de frutas y verduras con mayor calidad.

Por casualidad vi un cartelito en la guarde de los niños anunciando una cooperativa de consumo en mi barrio. Una cooperativa de vecinos que se agruparon para comprar directamente a los productores, sin intermediarios. Una cooperativa para comprar frutas, verduras, pollo, carne, pan, productos elaborados…de todo un poco. Casi todo lo que una familia puede necesitar. Es cierto que es más caro que las fruterías chungas de mi barrio pero es mil millones de veces mejor. Y de estricta temporada. Y de tú a tú, sin más gente que el que produce (y explica cómo y porqué produce) y el que se abastece. Sin terceros. Pagando un precio justo al que se dedica a hacer las cosas bien y permitiéndole vivir dignamente. Y para nosotros, tener comida de calidad para todos.

 

Espero inspirar a otros a vivir de un modo diferente en la medida de lo pequeñamente posible.

Y colorín, colorado, este post tan idealístico ha terminado.

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5 comentarios

  1. Hi MichaelThe only reason that IOFGA are up tere and neither the Organic Trust nor yourselves are is that they tend to engage with th ewider public on various advocacy issues, and have a bit of stuff on their site and in the mag that’s prob of interest to readers. However I will stick a few biod links up soon.I’ll post a longer article I wrote, where I interview Merf in a couple of daysI think you’ll find his research and ideas on composting innriestetg

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