Crónica de embarazo gemelar para el Club de las Malas Madres

Club Malas Madres
El Club más fantástico del mundo!

Pues sí, con estos calores y en medio de juegos de bebés, tetas dobles y subires y bajares de casa a la piscina y de la piscina a casa me estoy recordando, alma cándida donde las haya, quejándome de los calores durante mi embarazo.

El verano pasado, en mis primeras semanas de embarazo gemelar lucía una notable barriguita que fue en franco aumento hasta alcanzar un hermoso circuferención del copón. Y me quejaba, bendita de mí. No sabía aún que la paz del embarazo se iría a Nunca Jamás y el viento se llevaría esas aburridas y siestosas tardes de verano. Tontuelilla de mí.

Recordando aquellos dulces momentos en los que podía dormir a pierna suelta me he acordado de lo que en su día escribí para el mejor club del mundo, el Club de las Malas Madres. Y he decido compartirlo en plan nostálgico, que con estos calores la cabeza no me da para más. Podéis leer el post completo aquí

o con descaro y frescura a continuación aquí queda copiado:

“Nunca ni en mis más locos sueños de fulgurante optimismo hubiera imaginado que acabaría siendo malamadre de dos. Bueno, futura malamadre, que aún estamos en el séptimo mes de gestación. Durante años todo lo que oía de mi capacidad de reproducción fue bastante prescindible, visto desde el momento actual: que si nunca vas a quedarte embarazada, que si tu útero parece un saco de patatas con tanto mioma (palabras médicas textuales), que si a tu edad y en estas condiciones… aquí normalmente seguía una mirada o bien de condescendencia médica con un reproche bastante definido o bien un verbalizado “lo mejor que puedes hacer es operarte y quitártelo todo”. Podéis leer la historia más completa de todos estos avatares pre-gestacionales en mi post sobre este embarazo gemelar

En aquellos momentos, llevaba una vida presa de algo que podríamos denominar histerismo o ansiedad laboral, regida por el estrés y sí, sabía que era un mal camino, un mal vivir, pero no sabía cuánto. Ahora, visto en perspectiva y después de haber conocido a más malasmadres con un pronóstico médico similar, puedo ver lo realmente tóxico que es el estrés. En mi caso, al menos, veneno puro. Fue dejar dejar de trabajar y quedarme en estado de buena esperanza, oigan.

En aquellos tiempos en los que quedarme embarazada había salido ya totalmente de mi imaginación, no podía ni imaginarme lo que me esperaba. Y sí, estoy oyendo a miles de malasmadres riéndose de mí con tal afirmación. Lo sé, lo sé, aún no ha empezado la fiesta, no han nacido los invasores, pero en mi cuerpo y cabeza ya se ha obrado una total revolución. No imaginé que sería tan fulminante, tan decisivo, tan irrevocable. No lo imaginé, no. Si debo ser franca, nunca había prestado mucha atención a las embarazadas. Y miradme ahora, totalmente presa de la gestación. Durante estos meses han pasado sucesos insospechados, que me han desconfigurado y reseteado de arriba a abajo y de lado a lado. Nombraré algunas, a ver si hay alguna madre singular o gemelar entre vosotras que pueda decirme si esto es normal o si soy rarita, una vez más.

  • Cansancio sin fin o de la bendita devoción que le profeso a la siesta

Recuerdo las primeras semanas de mi embarazo, antes aún de saber que eran gemelos como una espiral de cansancio sin fin. Podía dormir 4 siestas al día y quedarme aún insatisfecha y simplemente, no ver el momento de llegar a casa si estaba fuera. Durante todos estos meses mi energía ha sido más o menos del 20% respecto a lo que es habitual y ahora, ya entrando en el tercer trimestre, siento que está bajando aún más. Por eso, desde el principio, me he referido a ellos como los invasores, han sido como absorbentes aliens energéticos, y yo he pasado de hiperactiva a ser poco más que una especie de yogurtera o contenedor gemelar.

  • Distancias que se distorsionan y tiempo que se esfuma

Antes, en mi vida no gestacional iba en bicicleta a todas partes y realmente era muy rápida y efectiva por la ciudad. Ahora soy la antítesis total. Si tardaba 5 minutos caminando para llegar al metro ahora tardo 10 o 15, depende del día y lo vivo que se sienta mi barrigón. Caminar, lo que se dice caminar, desde el quinto mes camino poco, aunque me encanta pasear. Unos pinchazos nada sexis en el útero me hicieron replantearme la situación. Así que voy en transporte público y me he convertido en una usuaria premium del bús, viendo como distancias ridículamente medias entre mi lentitud extrema al caminar y las esperas se convierten en una verdadera excursión. Pero no me inquieto. Lo tomo del lado que no quema. Espero, me siento, miro el twitter, contemplo la ciudad. El tiempo vuela, pero lo tomo con una parsimonia total.

  • Pasotismo estético casi total
embarazo gemelar
Embarazo gemelar en verano

Soy, fui, y espero algún día seguiré siendo, una esteta total. Me recuerdo presumida desde que tengo uso de razón. El maquillaje ha sido mi mejor amigo desde los 16 y no quiero ni hablaros de mi zapatil casi obsesión. Zapatos altos a todas horas, faldas preferentemente cortas y escotes siempre y cuando la ocasión lo permita más que requiera. Peinado, manicura, dogmas estéticos tan personales y pulidos que forman parte de mí, de mi manera de ser y vivir. Pues don embarazo ha cambiado esto también por completo. Incapaz de subirme a unos tacones desde el tercer mes, reciclando toda la poca ropa ancha que tengo y la que me han donado para la causa, mi nivel de relajo estético ahora es extremo. Puedo pasar dos y tres días sin ni acercarme al maquillaje, la plancha del pelo lleva meses de descanso y poco me importa parecer un ballenón. Aunque supongo que volveré al redil, claro que sí.

  • Admiración sin límites por las que ya son madres

Ahora veo a las madres con reverencia, con una profunda admiración. ¿Cómo se las han ingeniado siempre para trabajar, cuidar de sus hijos día y noche, estar de buen humor y mantener el hogar? Veo a mi suegra con sus 4 hijos y trabajando siempre de 9 a 20:00 y me parece un ser mitológico al que hay que amar y respetar sin fin. Mi madre igual, viuda desde los 35, tres hijos, trabajando y haciendo todo sola, casi sin ayuda y siento infinita veneración.

Veo a mis amigas que ya son madres descomprimiendo el tiempo de forma efectiva de verdad y quiero hacerles un monumento o un memorial.

Yo, mientras tanto, no sé de dónde sacaré ni el tiempo ni el instinto maternal para cuidar de dos pequeñitos a la vez. Me consuelo pensando que las mujeres lo han hecho desde tiempos inmemoriales y que yo también lo conseguiré.

  • Cierto desapego social

Si bien antes pasaba mucho tiempo con amigos y cultivando mi faceta social hace tiempo que casi ha dejado de apetecerme quedar. O la gran mayoría de las veces. Es cierto que he tenido muchas ocupaciones durante estos meses de embarazo (un posgrado y varios trabajos por cuenta y riesgo entre ellos) pero también es cierto que no siento la necesidad de ver a mucha gente, casi ni de ver a gente en realidad. Me he concentrado mucho en amigos de los de siempre y en hablar con madres y futuras madres de sus experiencias, eso sí que me ha apetecido siempre. Pero quedar para salir, tomar algo o hablar de lo que sea casi se ha erradicado de mi cotidianeidad. Ahora, otras cosas me hacen feliz: hacer yoga, leer sobre educación, cocinar cosas ricas, hablar con mamis y dormir.  Todo muy lejos de lo que esté pasando allí fuera y del ruido mundanal.

  • Ataques de miedo ante lo que será una nueva realidad

Aunque durante meses he pensado que organizando todo lo necesario para los gemelos y pensando en cómo serán las cosas y como tenerlo todo preparado, me doy cuenta que atravieso escenarios de miedo que a veces huelen a pánico. ¿Y si no tengo ni idea de qué hacer con ellos? ¿Y si dos a la vez son demasiado? ¿Y si no logro sentir el vínculo maternal? Sí, sí, son demasiados sies. Y ahora que cada vez se acerca más el momento estos momentos son más cortos pero angostos. Y cuando siento que este vértigo se apodera de mí me repito las palabras que me dedicó mi profesora de Gestalt ante uno de mis maternales alborotos: “arriésgate a tener miedo, déjalo salir”.

Y colorín colorado, este post tan materno-gemelar ha terminado”
Y vosotras, ¿recordáis con añoranza y cariño vuestro embarazo? ¿Cómo fueron esos gloriosos días?

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