Yo también tuve un aborto

Hace un año, un mes y veintidós días que sucedió.

Abortar es algo extremadamente común de lo que nunca nadie quiere hablar, reconocer.

Es un porcentaje altísimo de las estadísticas, una tragedia frecuente, un cuchillazo del que te vas a recuperar, pero difícilmente hablándolo con los demás.

Una cantidad gigante de mujeres tiene abortos de los que hablar pero son algo así como las almorranas, se sufren en silencio, con un velo de culpa y tristeza palpable, densa, sintomática.

Un año, un mes y veintidós días después he decidido dedicarle un post, esperando poder ayudar a alguien que esté o haya estado en esta lamentable situación.

Darle entidad y espacio ayuda y de verdad me gustaría poder ayudar. Tengo una amiga que acaba de pasar por este brete ahora y no se me ocurre cómo más puedo ayudar sino es contando mi experiencia, ofreciendo mis oídos para abrazar con silencio o respuestas.

Relaté en su día mis peripecias para quedarme embarazada donde explico como ese embarazo perdido fue la circunstancia mágica que cambió mi vida para siempre, tanto al suceder como al expirar.

Me gustaría pensar que mi experiencia puede dar un poco de luz a otras mujeres que estén en un momento difícil buscando realizar su maternidad.

Los preliminares trágicos de ese embarazo en concreto que fue como que nos tocara la lotería, fuera de previsión, de toda expectativa, caído del cielo cuando estábamos ya en pleno papeleo para adoptar le dan la intensidad espesa del deseo frustrado hasta entonces de ser mamá. En contra de la opinión de médicos, expertos y a mis 39 años de vida lo que nunca podía suceder sucedió, de forma espontánea y no esperada ya.

Supe que estaba embarazada un 31 de diciembre del 2013 y lo perdí cuatro semanas después, a las diez semanas y media de gestación.

Durante ese tiempo fue un embarazo normal, con mucho cansancio, sueño, hambre y muchas dosis de cursiladas alegres, de gracias a no sé quién ni qué pero gracias, gracias.

De repente, un miércoles por la noche, volviendo a casa lo noté. Una pequeña mancha de sangre. Pasé la noche calibrando la magnitud de las pérdidas, diciéndome a mi misma tranquila no será nada, respira, respira, respira y buscando en internet posibles causas y algo que me dijera que, pese a todo, el pequeño proyecto de bebé estaba bien. Por la mañana, en un ataque de realidad, llamé a mi CAP y ahí me remitieron a urgencias en el hospital.

Con un miedo denso, peludo y triste fuimos hacia el hospital. Empezaba a dolerme y a ir en aumento, a ser de una pequeña mancha de principio de regla a pérdida de sangre bastante fuerte, a algo similar a un principio de regla.

En urgencias ni me tranquilizaron ni me intranquilizaron, me dijeron que la pérdida era poca (eso me tranquilizó) pero que no podían estar seguros de oír el corazón del bebé, probablemente por las interferencias de los miomas, que esperara e hiciera reposo. Mucho más no podía hacer. “Vuelve si las pérdidas y el dolor aumentan”, me dijeron, “espero no tener que volver”, contesté.

Pero tuve que volver.bebe

Durante ese día, jueves, tuve manchados constantes y me dolía un poco, era algo parecido a la regla. Estuve sin moverme y casi respirar durante todo el día, invocando a todo lo invocable para ser la otra parte de las estadísticas, las que salen del brete, las que consiguen que el embarazo siga adelante, las que tienen suerte.

El viernes el dolor fue en aumento, cada vez más y más fuerte, llegando a su cénit de madrugada, siendo peor que la peor de las reglas y con toda la angustia de saber ya lo que está sucediendo. La noche del viernes al sábado fue terrible, con mucha sangre y pérdida de coágulos, en uno de ellos pensé que nuestro pequeño y amado proyecto de bebé se había ido ya.

Después de esto la situación parecía bastante clara y por supuesto me temía lo peor, era evidente que el proceso era el contrario al embarazo y de nada me serviría llorar.

Volvimos al hospital y allí una doctora residente me dijo, con toda la delicadeza posible en esos momentos, que la gestación había terminado, que era doloroso pero algo habitual.

Durante toda mi vida he sufrido un estado de parálisis mental ante las malas noticias, especialmente si son médicas, entrando en una inercia corporal de persona que reacciona normalmente y habla y asiente pero estando en un estado de comprensión y reacción cero, sin entender nada de lo que está pasando a mi alrededor.

Me explicaron que me harian un legrado, que tomara calmantes, que era una intervención sencilla, que no me dolería nada. Les oía pero no les escuchaba. Solo oía el repiquetear interior de “por qué, por qué, no puede ser verdad, por qué yo, por qué nosotros, por qué”

La respuesta de azar y naturaleza sabia que no acepta anomalías no era la que quería oír. Pero de hecho no quería oír nada. El sentimiento de los demás era sincero pero no quería escuchar nada de nada. Nada podía consolarme. Mi única oportunidad de ser mamá se había disuelto en el alba.

Pasaron unos días de tremendos lloros, pataletas y no encontrarle el sentido a nada.

Al pasarme muchas personas a mi alrededor confesaron abortos también y entonces vi claro que no hablarlo, taparlo bajo el lamento y la culpa no ayudan en nada.

Pasaron los días y medio por mi carácter, medio por la Gestalt empecé a ver las cosas de nuevo con color.

Decidí pensar en positivo y quedarme con lo obvio: no era verdad que no pudiera quedarme embarazada.

Todo lo que vino después de esto ya es historia, culminada con los dos pequeños invasores, pero eso es harina de otros berenjenales.

Me gustaría ayudar como a mí me ayudaron y por eso escribo este post, esperando poder darle luz por pequeña que sea a alguien más que esté en tan descorazonante situación.

Hablar ayuda mucho y más si es con otras que han estado en la misma situación.

Y en abierto o privado tiendo mi mano a las que necesitáis hablar o escuchar.

Y colorín colorado, con esta tendida de mano este post ha terminado.

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8 comentarios

  1. ufff, qué duro!!! Es cierto q es muy habitual, yo tengo varias amigas que han pasado por eso, incluso, algunas lo ha pasado varias veces. Yo en el tercer embarazo tuve un sangrado y pensé que se trataba de un aborto puesto q no me había pasado en los dos anteriores; por suerte, en el hospital me dijeron q todo estaba perfecto. Entiendo que es algo q no se olvida nunca!

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  2. Que valiente ponerle palabras! Yo tuve un sangrado muy pequeño al principio del embarazo y me asuste horrores. Salí pitando al hospital y gracias a Dios no fue nada. Que bendición que luego llegaran los gemelos!!

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  3. Yo también tuve un aborto, hace casi un año… y en su día, lo expresé así:
    http://monicaballesta.weebly.com/blog/the-unborn
    Creo q no se habla de los abortos, de la misma manera que cuando era pequeña no se hablaba de la regla.
    Quizás será ahora que nuestra generación está experimentando este triste y común, como dices, trauma, nosotras normalizaremps el hablar del aborto, como en su día hicimos al fin normal hablar de la obviedad de que es condicón intrinseca a la feminidad tener ciclos, con todo lo que conllevan…
    Vestigios de machismo social…

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  4. Yo también tuve un aborto, después de dos años y medio de búsqueda por fin había llegado…. Pero del mismo modo se fue. Yo no tuve síntomas, simplemente en la revisión de las 12 semanas me dijeron que no había latido y que el crecimiento se había detenido hacía tres semanas…. Imagínate el mazazo, cuando crees que todo va bien. Lo pasé muy mal, la peor experiencia de mi vida. Creo que es algo que nunca se supera del todo, es un pequeño duelo, y eso que después tuve dos embarazos fantásticos y dos hijos maravillosos, pero me sigo emocionando con estas historias porque recuerdo el dolor que pasé.

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