Gemelos en su primer mes de vida: Mis miedos y angustias como madre primeriza

En un día como hoy, con mis gemelos tranquilos en la cuna (para variar un poco en estos últimos días de lloros, lloriqueos y lloringas a todas horas), con el sol brillando y en domingo echo de menos mucho una vida normal que incluya salir fuera.

Como sabéis, estamos bajo dictámenes médicos que nos recomiendan encarecidamente (por no decir que prohíben directamente) salir a la calle si no es absolutamente imprescindible (véase visitas médicas o papeleos de estos absurdos e innegociables) y no tener ni una visita en casa, parte de las sufridas abuelas, claro está.

El bajo peso de los bebés, junto con una epidemia de gripe galopante en la calle han hecho coincidir a todos los profesionales de la salud que hemos visto (unos cuántos ya) en que nos alejemos durante un mes mínimo del mundanal ruido.gemelostressemanas

Por supuesto, padres primerizos y temerosos donde los haya, acatamos a pies juntillas esta decisión, y yo, particularmente, con un instinto materno-protector encendido, creo que es una idea más que buena, la mejor.

De todos modos, me gustaría haber pasado ya este estadio inicial y poder sacar a mis hermosos guisantitos a la calle, con su flamante cochecito gemelar, ver cómo se duermen al sol, sentarnos en el parque, ir a comer a casa de las abuelas con toda la familia de fondo charlando y hablando, ver a amigos fuera del régimen domiciliar, estar ya en ese momento dulce de los bebés en los que la dictadura de las tomas no sea interminable ya (recordaréis de mi último post que aún estamos en este momento de tomas que no permiten mucho descanso, vaya).

Me gustaría haber avanzado esto en el tiempo, y haber pasado algunos de los momentos más complicados que veo que se avecinan ya. Hay situaciones que preveo con nubarrones y no sé a dónde mirar con todo este cansancio y desajuste hormonal acumulado ya.

Mamás gemelares e individuales con más experiencia, una vez más vuestros sabios consejos y experiencias espero que me puedan ayudar.

1-Mi angustia y miedo pre-visitas

Soy consciente de lo mal que suena este titular. Pero debo decir varias cosas para poder contextualizar. Antes de hablar con los médicos y tener idea alguna de cómo iba a ser la vida con gemelos recién nacidos en casa, imaginaba un escenario casero lleno de gente sonriente y bebés rollizos y felices, así como una cháchara bien divertida entre adultos charlando tranquilamente en el sofá.

La salida del hospital sin el alta y todo lo que los diferentes médicos nos explicaron empezaron a cambiar mi fantasía prenatal muy rápido. Médicos dixit, precauciones a seguir ante otras personas: lavado largo de manos, no coger a los bebés en brazos, nada de besos ni sobeteos, mantenerlos en un ambiente tranquilo y relajado. De qué me he dado cuenta yo en estas primeras semanas que distorsionan también esa imagen idílica preparto: no dormir hace estragos, cada dos por tres estoy con las tetas al aire por un tiempo prolongado, el funcionamiento del cojín de lactancia gemelar es algo privado y una cosa es la imagen estética de la mujer semitapada dando el pecho y la otra es la exhuberancia explícita de la lactancia materna con gemelos. Paso tres cuartas partes del día con los pechos ocupados por bebés o por sacaleches, ambos espectáculos a representar en la más estricta intimidad. El poco día restante me fascina el silencio si los gemelos no tienen dolor de barriga o algo que les haga llorar y dormir es para mí el nuevo placer inalcanzable.

Decidme cómo combina este escenario real con las visitas. Tengo una educación tan mediterráneamente mierdosa, además, que me condiciona negativamente para estas lides. Aunque esté moribunda creo que si tengo a gente en casa debo servirles y ofrecerles cosas, y, en mi estado sonámbulo actual esto es un esfuerzo que, combinado con las hormonas explosivas y todo el desajuste post parto, pueden tener un mal acabar, con emociones saltarinas pero chungas de verdad. Recientemente una de las buenastías me pasó este blog donde la autora explica más que bien la realidad casera post parto y que os recomiendo mucho leer: post

No veo cómo pedirle amablemente a la gente que esté poco rato en su visita porque tengo que sacarme leche (la poca que me sale), dar el pecho a mis bebés, dormir, o algo extremadamente rutinario pero útil que deba hacer también en esos momentos. Tampoco me veo pidiéndoles que se limpien bien las manos, que no cojan ni sobreestimulen a los bebés, y que por favor me digan antes de entrar si han estado en contacto con algún foco infeccioso de gripe en los últimos quince días. Y ya de paso pedirles que se sirvan el té ellos mismos.

Tengo muchas ganas de que mis seres queridos conozcan a mis preciosos gemelos, que admiren sus caritas de muñequitos y hablar de sus proezas infantiles (tipo cómo llorar como si no hubiera mañana o cómo son capaces de comer durante horas en un ataque de hambre) pero me agobia el pensar cómo hacerlo con este panorama. Por eso me gustaría ya haber terminado este periodo tan delicado y poder salir a la calle, actuar normalmente, no estar transtornada por la falta de sueño, las hormonas y mi maternidad incipiente.

2-Reincorporarme a la Gestalt

Los que me leéis normalmente ya sabéis que estoy en pleno estudio de la terapia Gestalt. Concretamente, en mi tercer año. A parte de que me encanta muchísimo (soy consciente de la agramaticalidad del superlativo pero tomadlo como una pequeña licencia para expresar) este año hemos empezado ya las prácticas, la actuación desde el punto de vista del terapeuta y así aún me gusta mucho más. Por supuesto he tenido que interrumpir parcialmente el curso de este semestre por el parto y en mi inocencia premamá pensaba que en cuatro o seis semanas estaría preparada para volverme a incorporar.

Una vez más, no tenía ni idea de lo que significa ser madre gemelar.

De un lado, tengo aún poquísima leche (fenómeno que me intranquiliza sin cesar) para dejar preparados biberones, de otro lado, dejarle a los gemelos tan pequeños a dos personas que no somos ni su padre ni yo es un marronaco que quisiera evitar. Eso, junto con el horario tardío del curso me están poniendo bastante nerviosa, la verdad. Quiero continuar, me encanta mi grupo, mis compañeros, el estudio y la experimentación de la Gestalt, que me va increíblemente bien para todo en la vida pero veo que en dos semanas los pequeñitos seguirán siendo muy pequeñitos aún y yo nos los podré dejar con tranquilidad.

Sé que es solo una tarde a la semana, y me estoy devanando los sesos sobre cómo puedo hacerlo porque no puedo faltar más sin perder el curso.

En mi inconsciencia premamá me veía al mes del parto yendo al gimnasio, a yoga con los pequeños, volviendo a la Gestalt y dando largos paseos cada día con mis churumbeles y tal vez hasta apuntándome a inglés en la Escuela Oficial. Una vez más, me ha salido todo al revés y la duda e incertidumbre es algo con lo que tengo que lidiar.

3-La normalidad sin el súperpapá

Mi amadísimo turroncito convertido en superpapá (en breve el post donde explico cómo de fascinada me tienen sus súper poderes paternales) está a punto de terminar su baja por paternidad. Aunque pudiera parecer oportuno, no quiero hablar en este momento de la ridiculez que supone tener dos semanas de baja laboral en este país al ser padre.

Estas primeras semanas hemos conformado un equipo potente y cohesionadísimo en la supervivencia diaria con nuestros hijos.

Todo el amor y la armonía posibles han reinado en nuestra soleada casa y hemos combinado con orden, paciencia y sinceridad los infantiles quehaceres constantes y actuado como un bloque.

Con dolor de su corazón y desespero del mío tiene que volver a su trabajo y eso le dejará fuera del hogar demasiadas horas, en las que me siento totalmente indefensa aún en esta nueva realidad. Dos brazos no me parecen suficientes para dos niños a los que hay que cambiar, limpiar, amamantar, abrazar, tranquilizar y para todo el resto de tareas domésticas y vitales a realizar.

He pedido ayuda a las buenas abuelas que ya han empezado con sus recursos infinitos a cocinar, ordenar, comprar y resolver pero me siento rara y caradura ante esta nueva configuración familiar.

Cuidar a dos gemelos pequeños y recién nacidos supone mucha dedicación, calma y concentración y yo no soy muy buena pidiendo ni aceptando ayuda ni desenvolviéndome como madre primeriza.

Tengo que reconocer que me abruma la situación y esta lucha conmigo misma en la que quiero hacerlo todo sola pero hasta en mi ceguera veo que hasta dentro de un par de meses esto no va a poder ser así y eso genera una angustia que no sé si es hormonal o existencial.

Supongo que entendéis mejor ahora porque tengo tantas ganas de que pase este primer periplo y que estemos ya preparados para paseítos y para parque, para tomas de diez minutos, para la normalidad, vaya,  y que mi incipente maternidad deje de ser un arma de doble filo.

Y colorín colorado, este post tan gruñón ha terminado.

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12 comentarios

  1. A mi tambien me daba cosa lo de decirle a todos q no cogieran a la.peque, que no le besaran…y echarles a tiempo igual. Parece que muchos cuando ven que es la hora de la teta prefieren irse, pero otros, sobre todo familiares chismosos se prefieren quedar e incluso asomarse a ver…odioso. Supongo que con la situación delicada del peso aún tendras q tener mas cuidado. Genial q te ayuden con la comida y esas cosas, asi no te agobias. Déjate ayudar, ya llegará el.dia que.controles todo! No te desanimes con lo del curso, seguro q podrás retomar…aunque quizá habías sido demasiado optimista tan pronto. Ya iras viendo, ánimo!!!

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  2. Mucho ánimo reina!!! si ya con dos la situación es bastante complicada, no me quiero ni imaginar lo que supone el tener q estar con tanta precaución… y por supuesto te entiendo perfectamente con lo de las visitas en casa, es un coñazo!!!

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  3. Yo no tuve dudas, lo primero eran los peques. Así que el mensaje que mandé a todos fue: si enferman han de volver a incubadoras. Después de 29 días en ellas salieron con 2 kilos y 2.200.
    Todo lo demás, Anita, es hormonal. A mi me daba mucho miedo tener que quedarme a solas con ellos y más en un 3º sin ascensor. Y no fue tan difícil, aunque en algún momento lloramos los 3, ellos no sé porqué y yo porque no sabía que hacer, como calmarlos y mis hormonas estaban ahí, juguetonas ellas.
    También viví ese temor cada vez que alguien se acercaba a ellos, me horrorizaba la idea de que cogieran algún virus, mi obsesión.
    Y el buenpadre se fue a trabajar, y la malamadre se quedó sola. Sobreviví. Angustiada también por la falta de leche y tras dos meses intentándolo pasé al biberón con la tranquilidad que da el hecho de haberlo intentado y con la espinita de no haber podido alargarlo más.
    He de confesar que este cambio facilitó algunas cosas. Bebés en hamaquita y mamá en el centro con un biberón en cada mano (por lo menos era más cómodo).
    Yo no tuve ayuda porque no quise, preferí enfrentarme a la realidad desde el primer día y sólo pidiendo algún soporte extra básicamente centrado en la compra de algo que necesitase.
    Tal vez por esto, a veces me siento privilegiada en mi entorno más cercano, la primera sonrisa fue para mi, esa malamadre que tantas veces se preguntaba como hacerlo para darle cariño a los dos sin que ninguno de ellos sintiera que era más o menos que el otro. Los primeros giros voluntarios me los dedicaron a mi, y luego ensayamos juntos para mostrárselos a papá. Y así con muchos momentos que guardo en mi mente, en imágenes y en papel.
    Ánimo Anita, por suerte las hormonas se cansan y encuentran una víctima mejor.

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    • gracias!! me animas mucho!! todas las madres gemelares son amigas y ejemplos para mí ahora. ¿Cómo lo hiciste sola???? no lo puedo ni imaginar!! de verdad, qué valiente!!
      espero seguir sabiendo de ti,
      abrazos gemelares

      Anita

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  4. Hola Anita, lo primero… ENHORABUENA!!!! Al final hemos dado a luz casi a la vez! Mis peques han estado casi 20 días en la UCI (una de ellas tuvo complicaciones varias de pulmón), pero ya estamos todos en casita. Que sepas que a mí me pasa igual con tema visitas y la prohibición de salir de casa. Además, teniendo en cuenta que “el punto débil” de mis peques es el pulmón, ni te cuento lo cagada que estoy con esto de la gripe. He restringido todo lo que he podido las visitas y hago a todo el mundo lavarse las manos con agua y jabón y luego ponerse desinfectante… Así que no es paranoia tuya! 🙂

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  5. MUCHOS ANIMOS!!! el reajuste a la nueva vida es muy duro! para mi sin duda fue lo peor, y aun hoy lo noto y añoro a mi yo de antes (malamadre dixit).
    Como bien adelantabas con el título del blog, son unos invasores jajajaa… pero son taaann monos.
    El puerperio es como una sobredosis de realidad, luego todo baja de intensidad. Cada uno lo pasa a su manera, pero siempre es bueno aprovechar la ayuda que nos ofrecen, es una necesidad.
    Nosotras no llegamos a ir a ninguna clase de yoga, salir de casa antes de las 12h era una proeza! Me ilusionaba mucho el poder ir y cada día era una frustración, hasta que me dediqué a disfrutar lo que tenía que eran largas mañanas en la cama con tomas interminables y un masajito diario,el mejor regalo que pude tener.
    Busca tu momento de paz, una larga ducha o incluso ir al super, parece poco pero te ayudará a estar más feliz.
    Fuerza guapa!

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    • tienes toda la razón, Paula!
      Ayer salí por primera vez por “placer” a la calle, con el sol, solo di la vuelta a la esquina y me senté un momento en el parque y me parecía estar en Honolulú de vacaciones con margarita en mano incluida. Qué felicidad! cualquier pequeña cosa me parece un regalo ahora y ya en breve salimos del pueperrio y espero una vida un poco mejor. Aunque la verdad, les miro y se me pasa todo…

      gracias por tus ánimos!!

      Anita

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