33 semanas de embarazo: de cómo sobrevivir al tercer trimestre de embarazo gemelar

Recuerdo cuando al principio del embarazo leía sobre el tercer trimestre y lo veía lejano como el lejano oeste. 33semanasembarazogemelos

Anunciaban curvas, realmente. Y en embarazo de gemelos, todo bien pero que bien multiplicado por dos: lumbalgia, reflujo, insomnio, tobillos hinchados, falta de aliento, taquicardias, dificultad para andar… y yo, presa de mi optimismo creciente al ir superando paso a paso todas las catastróficas dificultades anunciadas por los médicos (posibilidad de aborto, riesgo de que nacieran prematuros tipo a la semana 20, miomas porculeros que iban a causar mil problemas bien variados…) pensé que, una vez más, me iba a librar.

Y no, muy a mi pesar no me he librado de la gran mayoría. Eso sí, para muchos he encontrado remedios personales bastante eficaces. Al menos para mí.

Ahí van, cuál lista de la compra:

  • Lumbalgia, la estrella del embarazo:

Sin duda desde el principio del segundo trimestre esta ha sido mi especialidad, mi agujero negro. He tenido varios episodios de dolor de espalda que a medida que avanzaba el embarazo se iban complicando cada vez más. En mi caso, han sido periodos breves porque le puse remedio bien rápido: yoga y masajes para embarazadas han sido la mejor combinación, los caballos ganadores, mi salvación. Solo tengo este consejo contundente que daros: yoga, yoga, yoga. Mis clases dos veces a la semana han permitido que pudiera moverme, respirar, pensar, sonreír y darle la merecida patada en el culo a la lumbalgia de los cojinflones. Mi profesora es una maravilla con patas que os recomiendo mucho si vivís en Barcelona, la encontraréis aquí  y a las que no, seguro que en vuestra ciudad hay muchos profesionales estupendísimos también.

En mi caso, opté bien pronto también por masajes una vez a la semana. La experiencia fue tan buena que le dediqué varios posts  en mi asombro sin retorno. Hay que ver lo que unas manos expertas pueden hacer por ti. Creo que cuando los mellizos nazcan irán a agradecerles a mis salvadoras todo lo que hicieron por ellos y por mí.

  • Dolor de pelvis del de llorar:

hogardulcehogarAunque la lumbalgia es terrible, para mí lo verdaderamente devastador en este periodo fueron esas dos semanas de pinchazos en la pelvis sin fin. Cada vez que me movía, cada vez, sin excepción alguna un dolor agudo, sordo y hogardulcehogar3asquerosamente peludo fulminaba mi cadera sin perdón. Esta fue mi dulce bienvenida al trimestre número tres.

La inmovilidad en la que me sumió solo se vio alterada por viajes al yoga y a los masajes, que fueron también quienes finiquitaron tal dolor de naturaleza criminal.

Durante esas dos semanas tuve que encontrar alivio en el reposo total y dentro de él dedicarme a mis must de la distracción: ver pelis nunca vistas, lecturas sobre maternidad y educación, sesiones continuas de series clásicas de humor y todo con mucha esterilla y luchando contra la depresión. Otro alivio constante e indescriptiblemente eficaz en todo el embarazo ha sido mi hogar dulce hogar, tan bonito él y tan acogedor. De ser posible, que vuestra casa sea vuestro templo, vuestro nido, vuestro rincón. Así es más fácil superar que estés prácticamente atrapada dentro.

  • Ansiedad, insomnio y cambios de humor sin ton ni son

Como buena hiperactiva que no se resigna a los dictámenes médicos del embarazo de alto riesgo he tenido buenas porciones de estas tres. Contra la ansiedad lo mejor es evitar situaciones absurdas, de esas en las que le pides a tu ballenato cuerpo cosas que sin duda no puede hacer. Eso incluye esfuerzos físicos fuera de contexto, tontas imposiciones laborales (tipo en mi caso acudir a una entrevista de trabajo para directora de marketing digital a mis avanzados siete meses ya) y otras idioteces que conforman mi carácter, racional pero tupido a veces de bipolaridades. Ante esta ansiedad, que en mi caso siempre va de la mano del divino insomnio y unos cambios de humor no del prototipo encantador, lo más recomendable es calma, mucha calma y distracciones caseras en el bendito hogar: para mí, cocinar, coser, leer y mucha consciencia constante aprendida con la Gestalt. Una vez, el yoga y los masajes también actuaron a mi favor. Y la paciencia extrema y el buen hacer de mi consorte amado, mi turroncito hermoso, siempre a punto para apoyar y reconfortar, aunque me pusiera insoportable de verdad.

  • Tobillos hinchados, divino tesoro

Recuerdo a mi masajista contentísima allá en el sexto mes felicitándome por no tener ningún problema de circulación. Y santa inocente de mí, creí que mis súper bien torneadas piernas serían inmunes a tal abominación. Y esta santa inocencia tuvo un doloroso fin, allá por la semana 28 de embarazo gemelar. Sin previo aviso, sin saber porqué, irrumpieron los cansinos tobillos hinchados y las piernas amorcilladas, y yo sin entender cómo esto podía estar pasándome a mí. Mis piernas, mi orgullo, mi arma cargada por mini shorts, aireadas siempre entre faldas y vestidos o enfundada en pitillos de estrechez un tanto irracional. Mis piernitas felices alargadas por gráciles zapatos con final feliz caían ahora también. Condenada a zapatos planos desde el principio gestacional, ahora venía un nuevo enemigo, implacable a la par que detestable llamado hinchazón. Como podéis ver, lo tomé como algo personal. ¿Remedios? piernas en alto escuchando play lists clásicos de bossa nova y listas de reproducción para los bebés, beber muchísimo, a ser posible tés de los que siguen siendo bebibles aunque no tengan teína, zumos de fruta y tanta agua como quepa entre la panza y el corazón.

  • Contracciones, movimientos fetales, cansancio y otros pesares

Recuerdo que hasta la semana 20 de embarazo no empecé a sentir movimientos de los bebés y estaba en un estado cercano ya a la preocupación. Pues bien, en este tercer trimestre los pequeñitos están todo el día y buena parte de la noche de fiesta loca, de humor de patadas, manotazos, codazos y algo que deben ser cabezazos también. Imagino que inspirados por el carácter idealista de sus padres pretenden hacerse más espacio en mi limitado útero a golpes y porrazos. Ante esto, mucha calma otra vez. Aprovecho para hablar con ellos y explicarles el efecto que causan en mí y todo lo que se me pasa por la cabeza. Esto a veces les relaja, a veces no, pero hablarles a mí sí me tranquiliza, me hace sentir mejor.

Las contracciones braxton hicks son otra cosa bien rara. No sabría definirlas pero cada vez están repitiéndose más frecuentemente y más. No duelen, no incomodan demasiado pero me recuerdan lo cerca que está ya el parto.

Sobre el cansancio, crece y crece in extremis. Mi devoción sincera por la siesta ha pasado a ser una obligación. Me cuesta estar de pie mucho rato, así que intento hacer cosas cotidianas sentada, como cocinar. Pido ayuda para cualquier cosa y evito moverme mucho más de lo necesario. Duermo lo que puedo y recuerdo lo bueno que es mi reposo para los gemelos. A veces, si estoy en casa y puedo, incluso hago una presiesta antes de comer. Es inaudito lo bien que sientan!!
Y colorín colorado, este post tan remediólogo ha terminado!

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3 comentarios

  1. Hola Ana, no sabes cómo me identifico con TODO lo que cuentas en este post!!! Estoy atravesando los mismos síntomas. 🙂 Mucho ánimo que ya no queda casi nada y en breve tendremos a nuestros “diablillos” por aquí dando guerra. Felices fiestas!

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