32 semanas de embarazo: gemelos, doble salto mortal

La raza humana me encanta y me desespera a partes iguales, sin previo aviso y dejándome vivir siempre en el desconcierto y la expectación.

Hace unos días un amigo me envió este artículo del País donde cuenta las atrocidades a las que son sometidos los padres de gemelos en Madrid. Este es el caso de Madrid, habrá que ver qué sorpresas cero gratas nos depara la ciudad de Barcelona. Y las de otros tantos lugares, claro está.

Rectifico entonces: las atrocidades a las que son sometidos los padres de gemelos o mellizos en general.

Leerlo me puso los pelos de punta y ya entrando en esta recta final del embarazo salió la justiciera que hay en mí y anticipadamente ya estoy en pie de guerra y preparada para luchar.

No será bastante condena el tener que escoger carrito de bebé que quepa en ascensores etc (podéis ver mi odisea en dos partes en este blog) un Mountain_buggy_duet_cochecito_gemelarcoche que permita llevarles con un acompañante detrás y acceder a un “montón” de beneficios sociales extremadamente exasperantes, como tener 18 semanas de baja maternal al ser dos bebés juntos (pararos un momento conmigo a repasar las matemáticas básicas: son 16 semanas por hijo, ¿si nacieran dos bebés separados no en el mismo momento serían 16+16=32 o tanta calculadora ha atrofiado mi cerebro?) y un largo etcétera en el que ahora mismo no quiero entrar pero entraré sin duda después del nacimiento; mejor me centro en el tema de hoy, mi experiencia como embarazada en el transporte público.

En mi caso particular, al esperar gemelos, a las pocas semanas de embarazo la barriga empezó a notarse, a hacer buen acto de presencia. Igualmente, hasta los cuatro meses bien hermosos a veces los transeúntes del metro o el autobús me regalaban una mirada de duda: ¿será panza de gorda o de embarazada? y se hacían más o menos los absorbidosenelmóvil dependiendo de su carácter y otras variables más complicadas de descifrar.

Agradezco que se me notara porque aunque en general he tenido un embarazo bastante bueno, la lumbalgia, el cansancio y la reducida movilidad aparecieron a las pocas semanas y más o menos me han acompañado a lo largo de todo el embarazo sin dejarme mucho en paz.

Imposibilitada para ir en bici, mi medio de transporte habitual y con poca capacidad para caminatas (teniendo en cuenta el hecho de que vivo en una zona con grandes desniveles y subidas empinadas, en lo que fue una montaña) desde bastante temprano me resigné al hecho de estar supeditada, quisiera o no quisiera, al transporte público.

Debo reconocer que prefiero el autobús al metro porque si bien Barcelona tiene bastante tráfico y el bus es mucho más lento, por barrio me es mucho más fácil y relajado ir en autobús, sin tragarme cambios pesados con escaleras interminables y bandadas de gente con mala cara (o cara de metro, como me gusta llamarle)

Las embarazadas, junto con personas mayores y minusválidos tienen asientos reservados en todos los metros y en los autobuses.

La primera cosa que debo decir es que en Barcelona estos asientos son de color gris, frente al azul del asiento asientos-reservadosnormal del metro y el rojo como asiento habitual del autobús. Creo que la elección no es la más adecuada, así como el tamaño de los dibujos y la explicación, aunque a priori parezca bien clara, de que es obligatorio ceder esos asientos a personas que lo necesiten. No debe serlo porque estoy hartísima de ver a jovenzuelas absortas en su facebook, guiris haciéndose aún más el sueco/sueca, señoras de media edad o cuarentonas  a las que no les pasa absolutamente nada, pero gordísimas y feas, eso sí, bien espatarradas y bien anchas en esos asientos con cara de “pues claro que sí, lo merezco”

Digo yo que será por el color poco llamativo de estos reservados o por una ceguera transitoria propia de los usuarios en general.

No me encanta tener que pedir para sentarme ni el tener que sentarme, de hecho entra bastante en contradicción con mi carácter, pero con esta barriga descomunal y los tobillos hinchados no me queda otra opción.

He dicho al principio que la raza humana me encanta y exaspera a partes iguales, porque lo que no sería justo decir es que todos se comportan igual de poco humanamente en estas situaciones. Hoy mismo, entrando al metro en hora punta, atestado de gente hasta los topes y sin lugar para nadie ni nada, una chica me ha dicho “tienes que sentarte” ha atravesado la masa espesa que conformaban todos esos cuerpos, hecho levantar a alguien de los asientos reservados y me ha hecho lugar entre la muchedumbre para que pudiera llegar explicándoles a todos “dejen pasar, está embarazada”.

No os podéis lo que se lo he agradecido porque hoy me he levantado con un dolor de espalda nada ignorable y con una poca energía descomunal.

No es la primera vez que alguien hace este tipo de acciones y hace que el culo aposentado indebidamente en los reservados se mueva, me ha pasado muchas veces, y por eso digo que la raza humana me fascina y me encanta también. Normalmente lo hacen mucho más rápido que yo que me muevo lenta hasta el que debería ser mi lugar.

Estos merecen mi respeto, aplausos y les deseo y auguro una vida feliz, llena de amigos y gente que les quiera en general.

Lamentablemente, el otro grupo también existe y me dan ganas de pedir asilo político a otra raza que no sea la humana. Os resumo las subespecies más habituales:

1-Mujeres de edad indeterminada que nacieron cansadas:

En el autobús hay un porcentaje mucho mayor de mujeres que de hombres. No voy a analizar este hecho pero sí a algunas de las que lo componen. Me pasa con frecuencia que los asientos reservados están ocupados por una mujer de edad indeterminada entre los 30 y los 45, a la que a todas luces no puedo englobar dentro de la categoría de abuela ni frágil anciana pero sí de contrahecha abusona con muchos kilos de más. Este subtipo infelizmente se resiste a entender el significado de los dibujos y la explicación de los asientos reservados, estando muy ocupadas gritando por el móvil o mirándose las uñas, generalmente a medio despintar. Ante uno de estos casos extremos de ignorancia de mi barriga propia de trillizos a punto de explotar, en un día de especial cansancio tuve unas palabras poco agradables con una componente de esta categoría tan poco agraciada. Reproduzco de forma literal:

-¿Podría dejarme sentar, por favor? digo yo con una entonación de niña buena y la mejor de mis caras a la susodicha.

-No (sin mirarme) y con un tono tan rotundo como pasota.

-Está usted en los asientos reservados, ¿le pasa algo? contesto con un tono más apropiado a semejante respuesta.

Y la recontrahecha se levanta refunfuñando y hablando para si misma sobre los modales ajenos. A puntito de pedirle amistad en Facebook, estaba, vaya.

2-Abuelas que aún no lo son y abuelas que se pasan de buenas

Hay abuelitas frágiles, de avanzada edad y con evidentes signos de poca movilidad que se levantan y se enfadan si no te sientas en su lugar. Con estas si discuto pero en positivo, nunca le quitaría el asiento a alguien que me dobla la edad y obviamente necesita estar sentada y ayuda para levantarse. Y otras que no son abuelas ni de lejos, que estarán cerca de los 60 pero que tal vez el exceso de maquillaje o de laca las hace pesar más de lo habitual. Estas ponen cara de “no estoy injustificadamente prejubilada y más sana que una pera sino que no puedo con mi alma” a las que me dan ganas de darles una buena colleja/bofetón, y juro que en mi cabeza lo hago cada vez. Normalmente no pido asiento a esta subespecie convencida de su vejez prematura porque bastante tienen ya con lo que tienen y no quiero discutir con previejunas precipitadas que brillan por su falta de educación.

3-Guiris que se hacen los guiris más de la cuenta

Al vivir en Barcelona y relativamente cerca del Parc Güell otra categoría humana que pobla los autobuses es la de guiri. La gran mayoría no simula su desconocimiento del inglés en el que está claramente escrito que hay que ceder los asientos ni su capacidad para inferir imágenes de lo más elocuentes. Pero hay una parte que opta por hacerse el/la sueco aunque no ostente dicha nacionalidad. Recuerdo a una oriental de unos 15 años que masculló cosas que parecían feas al pedirle elegantemente en inglés que se levantara y a una italiana que me contestó francamente mal, dudando de mi educación y embrabucada con el carácter nacional ante mi cara de “francamente querida, me importa un bledo”.

Y colorín colorado, mis reclamos de embarazada gemelar por el momento han terminado.

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4 comentarios

  1. Jijiiiii… No he podido evitar sonreírme!!! La tragicomedia gemelar es un género que dominas a la perfección. Pacienciaaaaa y que ese humor (azuloscurocasinegro) no te abandone… Tic tac tic tac… :-*

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  2. Jajajja genial este post. Me pasó muchas veces con mi primer embarazo tener que pedir el asiento, prefiero pedirlo a jóvenes ensimismados en su celular que se hacen los… En fin. Hubo un par de veces donde también los conductores me ayudaron, uno detuvo el colectivo, se cruzó de brazos y gritó, hasta que no le den el asiento a la señora no arranco. Y hubo muchas malas caras que prefirieron dármelo que llegar tarde. Espero que ahora con los mellizos haya buenos samaritanos que se apiaden de mi ignorancia en el manejo y mi necesidad del transporte público. Me encanta tu blog!!!

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